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domingo, enero 16, 2011

"Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde corrían todos los vinos, donde se abrían todos los corazones.
Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié"
Arthur Rimbaud

Muchas veces he deseado ser otra expresión de la realidad. Ser un acorde, generar sensaciones, ser una
canción completa. Lo que más deseo es ser música. Aveces también he querido ser el vuelo de un pájaro o una ola que se desliza por la playa de vuelta al mar.
Cedo completamente ante las diferentes manifestaciones de la belleza. Sufro con lo bello, como si fuera una herida amarga. Mi ojos no me alcanzan para poseerlo todo, pretendo consumir la totalidad con mi cuerpo. No me es suficiente la contemplación. No me basta contemplar, percibir, la angustia no muere hasta que mis manos, mi piel, mi lengua, mi olfato consuman el motivo de mi debilidad. Son muchas cosas las que me son insuficientes.
Necesito conectar a mi cerebro, conectar a mi consciente todo eso que simplemente se siente. Puedo sentir al Universo moverse, al árbol crecer, los átomos volcarse unos con otros en el mar, puedo verlos. Veo todo en movimiento, pero aún no me es claro que consciencia hay detrás de la magia que lo permite.
¿Cuál es el propósito del Océano?

martes, diciembre 28, 2010

Pronto tendré dos años de tener a Randir, mi fiel corcel metálico 44 692 kilómetros con 10 metros de recorrido, sobre el cual cabalgo generalmente a mi lugar de labores, pocas veces dentro de la ciudad y una acompañante para mis viajes cortos. Los viajes largos en estos dos años los he hecho usando otro sistema de transportes, dos veces a Manizales, una a Medellín y tres veces a Putumayo (Puerto Asís y Mocoa) pasando por Bogotá.

Vivir en ciudades siempre me ha producido sensación de encierro así sea la más pequeña de todas. Pero cuando a diario monto a Randir y me largo de las cajas contendoras de sofocación y reglas sociales, poco a poco voy sintiendo esa libertad que me producen las extensiones verdes y las colinas en el horizonte.

El camino que me lleva hacia el lugar en donde laboro es como una puerta al Reino Peligroso. Cuando cruzo el puente sobre el gran río al salir de la Ciudad, me adentro en una recta de 24 kilómetros que a traviesa caños, potreros y pequeños poblados rurales.

Desde que subo el puente se vislumbra una cadena de cerros grises en el horizonte, a veces claros a veces envueltos por la bruma. Cuando la carretera empieza a subir por ellos, la atmósfera cambia gradualmente hasta que me encuentro inmerso en medio de montañas y bosques, pequeños valles rodeados por colinas y abiertos por potentes arroyos que cuando se enfurecen no hay poder humano que pueda detenerlos.

Los 65 kilómetros de vía que me llevan hasta el lugar en donde me sumerjo en mí otra realidad alterna, culminan en un valle separado del mar por una cadena de cerros de origen volcánico que baja la guardia para darle paso al río Canalete, quien llega alimentado por los numerosos arroyos que nacen de las montañas hasta el mar Caribe.

A este lugar lo he llamado el Valle del Silencio, ausente de grandes máquinas o la ruidosa cotidianidad del hombre consumista y de la basura industrial. Habitado por campesinos que siguen leyendo en los cielos y en el comportamiento de la naturaleza el devenir de sus cultivos.

Habitantes de casas con pisos de tierra que aún siguen cargando el agua en tanques sobre burros de los pozos hasta sus casas. Tierra de pequeñas colinas que el Polvillo tiñe de dorado durante marzo remplazando el rosado que había dejado el roble desde principios de enero.

En estas tierras aún se escucha hablar al viento y la Luna revela y oculta las criaturas que bajo su luz habitan. En sus habitantes todavía vive el hombre mítico que conoce el funcionamiento del planeta por herencia celular y que con plantas y pequeños rituales ancestrales siguen solucionando muchos de sus problemas, viviendo apaciblemente en comunión con su mundo.

Aunque últimamente los he oído decir que como están las cosas no saben que pueda pasar, pero que todo está extraño en la atmósfera y pareciera como si todo se hubiera envejecido y el mundo también se hubiera puesto senil.

jueves, febrero 26, 2009

Por la carretera

Como mencioné en mi anterior visita a este puerto virtual, ando en una nueva aventura, al separarme del núcleo de la madre para enfrentarme al mundo con mi nueva familia. Por mi parte ya estaba acostumbrado a vivir lejos de la Casa, desde niño afronté la separación al irme a estudiar lejos, pero la diferencia ahora es que lo hago con mi propia familia.
Continúo trabajando en Nurtamnalondë, el Puerto Escondido, y mi mudanza trajo consigo el romper con el exilio semanal al que me sometía cuando partía todos los lunes para regresar la noche de los viernes.
Este año los viajes son diarios y para eso adquirí una motocicleta, aunque no es de mi agrado poseer maquinas de este tipo. Con ella estoy viajando diariamente hacia el Valle del Silencio (Dininlad), una hora y quince minutos de viaje continúo para llegar allá, a lo largo de la carretera principal, luego un desvío hacia la derecha por una carretera menor y posteriormente otro desvío hacia la derecha por una trocha destapada y ondulada a través de fincas para llegar rápido y acortar camino.
Ya se le desvalvuló el neumático a la moto, llovió en el camino y fui víctima de los estragos del barro, pero poco a poco me he ido acostumbrando a esa moto que se ha convertido en mi nuevo barco para navegar por esas tierras que tanto me enamoran.
Ahora me preocupa la situación de mi departamento, lleno de dos grupos que siguen armados tratando de pelearse entre sí el dominio de estas tierras, tratando de hacerle creer a la población que ellos son una organización que pretende proteger a la sociedad, cuando es de ellos de quien necesitamos que nos protejan.
Las autoridades del estado (Ejército – Policía) se cruzan con ellos en las tiendas, los cafés, las esquinas… y nada pasa. Las personas de los pueblos, los profesores, mototaxistas, choferes y hasta el cura saben quienes son, y les permiten que se sigan fortaleciendo inculcando el miedo en el ciudadano que no tiene como defenderse.
Y ellos ganando terreno y asesinando en el nombre de lo correcto de la mano de lo incorrecto, ignorando el poder en manos del pueblo y depositado en el Estado.
Hacen retenes y piden papeles y explicaciones al ciudadano acerca de sus rutas, andares y pensamientos, como si no fueran suficientes con el que hacen la Policía y el Ejército, quienes no se cruzan o no se pisan los cables con los armados ilegales.
Y nosotros en el medio, aunque tengo que agradecerle al Único que aún en mis ires y venires no me los he encontrado ni en la vuelta de una curva, aunque no se si ya ellos se hayan percatado de la moto negra con azul que todas las tardes cruza las tierras onduladas con total Libertad.





jueves, diciembre 18, 2008

Caminata mañanera de diciembre



Estas dos primeras imágenes son nidos de aves. El que es como una mochila colgante lo hace un pájaro que acá llamamos Toche. Y el otro que es como una especia de caverna lo usan los perícos y las cotorras. Ingeniería animal, como le digo yo.






Me gusta mucho las mañanas de diciembre porque están llenas de niebla. Aproveché el tiempo libre de una de ellas para deambular nuevamente por los espacio de mi niñez, a donde escapaba de la realidad de mi pueblo para ir a nadar a escondidas de mis padres, y en donde siempre habían aventuras entre ciénagas, caños y la espesa vegetación.
Mucho de lo que fue ya no es, hay más potreros, el caño mucho más ancho, pero la naturaleza sabe como reclamar lo suyo.
Esa mañana salimos a las 6:00 y después de pasar el planchón caminamos sin rumbo fijo a lo largo del camino o la trocha que transcurre a lo largo del Caño, o la Boca como la llamamos acá, el cual se pierde en las aguas del Sinú frente a mi pueblo.
Esa zona se inundó considerablemente, y los cultivos de arroz que habían en el sitio y los potreros hoy parecen ciénagas, pero hermosas. Caminamos toda la mañana hasta reposar bajo unos árboles, en donde descansamos, hablamos y desayunamos con las viandas que compramos para el camino.
El contacto con la naturaleza me libera. Me une a esa fuerza primigenia. Me ayuda a encontrar las voces que salen de mi interior y que me recuerdan que pertenezco a ella al igual que todos los de mi raza, y que no estamos a parte de ella como no lo estamos de cualquier otro animal.
Al final de este post, comparto un video que grabamos durante nuestro andar, espero lo disfruten.





lunes, diciembre 01, 2008

Los arroyos

Como en Macondo me sentí esta semana que pasó, con mucha lluvia en el ambiente, pareciera que no iba a dejar de hacer agua más nunca y hasta me acostumbré a eso. Pensaba en las historias de García Márquez y de la lluvia monumental del pueblo de su ensoñación, que llegó a llover tanto que la humedad del ambiente permitía a los peces nadar a través de las ventanas de las casas.

Andaba todo el tiempo con botas de caucho, al trabajo, a las vueltas personales y a caminar por ahí, para observar el mundo lavado por la lluvia, se veía verde intenso, como nuevo, limpio.

La mayor parte del tiempo tocaba estar encerrado, bajo casa escuchando historias, de esas que hacen parte del asombroso acontecer de mi cultura. Nos acostábamos escuchando el agua hacer sobre el techo de palma y al despertar al día siguiente el mismo ruido del agua nos conectaba a la realidad.

Los arroyos, que abundan en esta región, no se llenan de agua todo el tiempo, únicamente cuando llueve, y cuando llueve duro.

En la época de no lluvias se seca. Únicamente queda agua en las partes más bajas, de salobre sabor. Pero en la época de lluvia si mantiene más cantidad de agua, pero no corre por su cauce con fuerza como lo hace cuando los aguaceros se dejan caer sobre la tierra.



El arroyo de las fotos pasa por detrás de la vivienda en donde moro durante la semana de mi trabajo, va dando curvas y vueltas alrededor de ella al punto que casi la rodea. Me han contado que en casos extremos el agua ha subido hasta la casa. Esta vez no llegó a tanto, pero si creció más de lo que yo le había visto hacerlo con anterioridad.

A la mañana siguiente de mermar un poco las lluvias, por lo menos los intervalos de su continuidad, ya el arroyo estaba más bajo de la mitad.

Cuando estos se suben, generalmente pasan por encima de los puentes, bloqueando las vías de acceso hasta por dos horas. Esta situación hace que asistan pocos estudiantes al colegio.


domingo, noviembre 09, 2008

De la libertad de vivir a la obligación de ser. Entre estas dos cosas se me va mucho tiempo, y a veces no me quedan espacios ni siquiera para algo que también hace parte de mis libertades, como escribir.

Actualmente laboro como docente en un Centro Educativo del Estado, dando clases desde 5° hasta 9°, a diferencias de muchos que he conocido en el camino, realmente me siente feliz con mi trabajo.

Soy Comunicador Social y Periodista, tengo una especialización en Gerencia Pública y estudios en Pedagogía, en mi corta vida ya probé la esclavitud de la empresa privada, trabajando en un periódico con horario de entrada y sin horario de salida, con el único derecho de saborear el domingo, porque en este oficio los festivos no existen, la publicación es diaria.

Resuelto a reclamar mi derecho a mi mismo, a mis espacios y luchar por lo que anhelo (que aún no lo tengo bien claro, únicamente intuyo cosas) y no a vivir por un simple sueldo, renuncié a esta vida, que aunque tiene lados gratificante lo eclipsa a uno como ser humano.

Luego pasé a conocer el trabajo en la administración pública municipal. Fue aquí donde conocí la inestabilidad laboral, y aunque tenía mucho tiempo libre para los proyectos personales, el trabajo y la organización no se prestaba para que uno sintiera que había una evolución en el ámbito profesional.

Aunque se trabajara en una Alcaldía y se hicieran labores sociales, las cuales me motivaban mucho, era decepcionante darte cuenta que quienes destinaban gastos y autorizaban el proyecto realmente no sentían esa responsabilidad social, que deberían tener dado que estaban trabajando por el desarrollo de un Municipio.

Lo que si le rescato a esto fue que me sirvió como plataforma para estudiar la especialización y me dio el tiempo para poder toparme con la posibilidad de mi actual trabajo.

Mi puesto como docente de Castellano y Humanidades me lo gané concursando, y con un periodo de prueba de un año y tres meses que como trampa nos impuso la administración departamental, la cual no quería perder esas plazas, se les disminuían considerablemente los puestos de trabajo que pudieran usar a su antojo para hacer política.

Hace poco alguien me preguntó que si era feliz con mi trabajo y sin pensarlo respondí que sí. Realmente me agrada esta labor social, de influir en una generación, tratando de enseñarles y mostrarles el mundo y a comprenderlo. Transmitir el conocimiento, vivir en el mundo de la academia.

Y lo mejor de todo es que no me aleja de mi búsqueda personal, me permite aprovechar espacios para seguir creciendo de la manera que mi espíritu me lo exige. Trato en lo posible de ocupar mi tiempo en cosas que me permitan darle sentido a mi corta existencia como ser humano, tratando de llevar mi vida como la quiero construir, y al mismo tiempo permitiéndome ser lo que espero de mí mismo.

Al igual que los otros trabajos tengo días de exceso de labores, las respectivas decepciones laborales, y dificultades personales, como la de irme los lunes en la mañana y no volver hasta el viernes en la noche a verme con mi hermosa Idril y mi bella princesita Aranel.


Esta foto fue tomada en Ninluthnin (Chinù, Còrdoba) el pozo de las "aguas encantadas", o pozo Molina. Del que dicen que si beben de su agua no se va del pueblo, peor la verdad es que está seco y con basuras en su interior, arrojadas por la gente. El sitio en donde está se ve bonito y se siente hasta magia en él, lastima que algunos no lo cuiden.

domingo, agosto 24, 2008

Las Aguas Encantadas

Hace poco estuve de visita por Chinú, una de las poblaciones más antiguas del departamento de Córdoba que queda ubicada en la zona de sabanas, en los límites con el también departamento de Sucre.
Ubicada en antiguo territorio Zenú, como lo era la zona de Córdoba, Sucre y el Bajo Cauca, herencia de una cultura indígena arrasada y masacrada por los españoles durante la época de la conquista, acabando con sus creencias, su cosmogonía, su lengua, aunque aún se mantiene parte de su identidad en pocas cosas que han sobrevivido ante la absurda idea que lo que es civilización, falso legado dejado por los egocéntricos europeos.
Es en esta ciudad en donde se pretende realizar el próximo encuentro de aficionados, seguidores e interesados en la obra del profesor J.R.R. Tolkien, el VI Concilio Tolkien Ninlútnin 2009.
Ninlútnin es la forma corta de Caras in Ninlútnin, que significa en Sindarin, Ciudad de las Aguas Encantadas, uno de los apelativos que tiene Chinú, y aunque no he podido averiguar exactamente por qué, se que hay un pozo del cual se abastecía hace muchos años la población, debido a que en el sitio no hay ríos, llamado el ‘Pozo de Molina’, y del cual actualmente se dice que quien beba de esa agua nunca se va de Chinú, o el más grave de los casos se casa en el lugar, lo positivo es que otro apelativo de la población es ‘La Ciudad de las Mujeres Bonitas’
En todo caso este post es una invitación abierta a todos aquellos que quieran venirse de paseo el 3 de enero del próximo año a esta región, y disfrutar cuatro días de festejos y actividades entre aficionados del creador de El Señor de los Anillos.
Las Fotos son del centro, la Iglesia, el Parque y la Alcaldía. Esta población está sobre la vía que conduce de Medellín hacia cartagena, entre Planeta Rica y Sincelejo. Y está a 25 minutos de Tuchín, localidad en donde está ubicado el resguardo Zenú, epicentro de las artesanía sy cuna del Sombrero Vueltiao.





jueves, junio 26, 2008

De Fiesta por Puerto Escondido
















Puerto Escondido, al cual en lengua élfica he llamado Nurtamnalondë, celebra cada año el Festival Nacional del Bullerengue, un ritmo de herencia africana que llegó a estas costas desde las migraciones de los palenque de San basilio y de la isla de Barú en Cartagena.
Es una región que por su geografía o topografía me gusta mucho, zona de grandes cerros a orilla del mar Caribe, al cual bajan muchos arroyos desde las montañas y a poco más de 3 kilómetros se encuentra la desembocadura del río Canalete, el cual se alimenta del agua que baja por las diferentes quebradas que se crecen durante el invierno.
Estuve con mi grupo de amigos desde el Viernes 20 de junio hasta el martes 24, disfrutando del Bullerengue en sus diferentes aires, sentao, chalupa y fandanguillo.
Además estuvimos en la zona de la desembocadura del río Canalete, el cual no pensé que fuera tan profundo, pese a que no es ancho. El agua que bajaba por él era bastante fría, por lo que acampamos buena parte del día al otro lado de su cauce, en una zona solitaria.
Otro de los atractivos de esta zona son los diapiros, en los cuales pasamos toda una tarde disfrutando del placer de nadar en el barro y jugar con él sin ningún tipo de represión.
Luego de que finalizara el Festival partimos hacia el otro lado de la montaña que aprisiona a Puerto Escondido contra el mar, al corregimiento de El Silencio, que se encuentra al final de un gran valle contra otra cadena de cerros, caminamos más de cuatro horas por entre caminos de burros, subiendo y bajando montañas, atravesando arroyos de paseo en un contacto más directo con la tierra, regresando a mi casa al martes en la mañana completamente agotado y sin un peso para disfrutar el Festival Nacional del Porro que comienza este viernes en el municipio de San Pelayo.






viernes, abril 11, 2008

La Virgen del Caracol

No doy fe de la historia que brevemente narraré a continuación, la cual ha sobrevivido gracias a la oralidad en esta región del Sinú.
Palo de Agua es un corregimiento del municipio de Lorica en el departamento de Córdoba, Colombia, que se encuentra a la orilla del río Sinú, como la mayoría de los pueblos más antiguos, puesto que era a través del afluente que hace años circulaba el transporte desde Cartagena hasta Montería.
En ese pueblo hace muchos años, unos hombres que iban en una lancha por el río encontraron pegado a su transporte acuático un caracol grande que estaba muriendo, según ellos, debido a una extraña pigmentación café que estaba apareciendo en su interior.
Uno de ellos se lo llevó a su casa y con el tiempo al caracol se le fue cayendo parte de la concha dejando descubierto la parte interior de él, en donde estaba la extraña coloración y con el tiempo esta se fue definiendo cada vez más quedando a su vez completamente visible una figura femenina que en su brazos lleva cargado un niño.
La comunidad alarmada por el suceso, asemejan la figura con las múltiples imágenes que hay de las múltiples apariciones de María y su hijo Jesús y lo llaman “La Virgen del Caracol”. La comunidad de creyentes le abren espacio en una capilla del corregimiento y comenzaron a aparecer las peregrinaciones al sitio y muchas ofrendas de los fieles por los favores recibidos de la imagen de la Mujer madre.
Recuerdo que cuando era niño fui con mi mamá a pagarle una manda o deuda que mi progenitora había adquirido con ella en petición por mi salud, y así igual que nosotros cada año van muchas personas con figuritas en oro o con cajas de vela a cumplirle al objeto de sus creencias.
Este año, el pasado jueves santo, volví a pasar por el sitio y me acordé de sus existencia, por lo que le dije a mis amigos que entráramos para comprobar que la imagen si era visible.
Cuando localizamos la capilla en donde está y luego de pedir permiso a dos religiosas, entramos hasta el fondo hacia una urna de vidrio que la protege me imagino de quien la vaya a tocar. Y ahí estaba, pude ver la figura rápidamente y sin tener que pelear con la vista como cuando nos paramos frente a un cuadro de figuras tridimensionales ocultas.
Quiero aclarar que no soy religioso ni profeso fe alguna, aunque sí soy muy místico y he de reconocer que la imagen sí está y que sí se parece a la imagen de la aparición de María en el Monte Carmelo, o la popular llamada Virgen del Carmen. Detallándola se puede apreciar el contorno de una cara redonda, un niño en sus brazos y los escapularios colgándole del otro brazo desocupado. Como se da esto, o si es natural o ficticio no lo se ni puedo asegurarlo, pero el caracol está y su imagen cada vez es más nítida.


La fotografía la tomé yo con mi celular en una capilla con luz natural de medio día. El Caracol está detrás de una urna con puerta de vidrio, por eso el reflejo en la imagen.

Los invito a visitar el espacio de Bloggers por la Tierra

domingo, marzo 23, 2008

De Carrillo a Nariño

Dediqué un día de esta semanilla de vacaciones a hacer un recorrido por parte de las poblaciones del Bajo Sinú, partiendo desde Carrillo, corregimiento en donde vivo perteneciente al municipio de San Pelayo, hasta el corregimiento de Nariño en el municipio de Lorica.
A lo largo del recorrido que iniciamos 7 caminantes a las 6:00 de la mañana pasamos por las poblaciones de Boca de López, Sabananueva, Los Gómez, Mata de Caña, Sarandelo, Cotocá Arriba y Palo de Agua.
El pedaleo lo iniciamos a lo largo de la margen derecha del río Sinú por caminos polvorientos rodeados de árboles, el cual nos llevó hasta Mata de Caña en donde cruzamos el planchón hacia la margen izquierda por donde continuaríamos el viaje hasta Nariño.
A lo largo del trayecto encontramos numerosos playones de río, los cuales se hacen visibles en esta época del año en donde las lluvias son casi nulas, y el nivel del Sinú baja considerablemente dejando ver los tramos de arenas en las zonas más bajas, y otorgándole alivio a las familias ribereñas, que ubicadas en lo que anteriormente eran ciénagas, sufrieron grandes perdidas durante las inundaciones del año pasado ocasionadas por el fuerte invierno.
Las ciénagas que antes se unían con el río en la época invernal, han sido desplazadas lejos del Sinú, puesto que la colonización ha hecho que cada vez más el espacio que le corresponde sean rellenados por tierra para extender fincas o para construir viviendas, disminuyendo así la extensión de estos espejos de agua.
En Palo de Agua llevados por la curiosidad entramos al templo católico de la localidad, en donde se atesora una reliquia religiosa bastante peculiar, se trata de lo que ellos llaman “La Virgen del Caracol”, se trata de una imagen de María y su hijo Jesús que cada vez es más clara dentro de la concha de un caracol que fue encontrado hace muchos años por una nativa.
Aunque no soy católico ni comparto la fe ciega como único método de creencia, debo reconocer que la imagen es bastante clara y definida a simple vista detrás de la urna de vidrio en donde la guardan las religiosas del templo. Dicen que esa es la imagen sin retoque alguno de la Virgen y que hace milagros y cumple peticiones a cambio de mandas o sacrificios.
Despuecito del medio día y de tanto parar a descansar llegamos a Nariño, nuestro punto final en donde un amigo se iría a conocer con su hermana melliza a la cual no veía desde hacia más de 12 años y en donde además conoció a otra hermana que tiene 17 años y que no había visto nunca, pero esto es otro cuento.
Allí bebimos chicha de maíz y comimos arroz de fríjol con revoltillos de icotea y de bagre, comidas típicas de la Semana Santa en mi región, acompañada por una ensalada de remolacha que no me comí (me sabe a tierra). A las 3:30 de la tarde iniciamos el camino de regreso, aunque pedaleamos más rápido tuvimos más inconvenientes, puesto que cruzamos el planchón en Nariño hacia la margen derecha con el fin de retornar por caminos no recorridos y encontramos que habían zonas en donde no habían caminos aptos, por lo que en Palo de Agua tuvimos que retornar a la margen izquierda y hasta Sarandelo fue que pudimos volver a la margen izquierda, bastante retrazados por la cadena de una de las bicicletas que se rompió por segunda vez, y así nos tomó la noche en el camino de vuelta, acompañados por la luna llena que saltaba a un lado y al otro de nosotros mientras avanzábamos a lo largo de los curveados caminos que corren a lo largo de la rivera del Sinú, llegando casi a las 8:00 de la noche a la casa con las nalgas lo suficientemente adoloridas como para sentarnos cómodamente.
Palo de Agua, la tierra de mi coterraneo el de la República de la Vitualla

Acá en una de las playas del Sinú
Al fonde se ve parte de las ciénagas de la margen izquierda del Sinú, y lo que se ve en primer plano es todo lo que ahora es finca y que antes fue agua.